Kike Figaredo: "Hay que salir a las periferias, no se puede venir a un congreso de este tipo y después no hacer nada.
Tiene que haber progreso"

MANIFIESTO
Finalizamos el XIX Congreso Católicos y Vida Pública recordando un acontecimiento que puso en marcha el proceso de actualización y renovación de toda la Iglesia: el Concilio Vaticano II. Un proceso de reforma de mentalidades y de estructuras al que el Papa Francisco, hoy, continúa invitándonos.
El día siete de diciembre de 1965, Pablo VI promulgaba solemnemente la
Constitución Apostólica Gaudium et Spes, cuyas emocionantes y certeras palabras iniciales, una
vez más, recordamos y hacemos nuestras: "Los gozos y las esperanzas, las
tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los
pobres y cuantos sufren, son a la vez los gozos y las esperanzas, tristezas y
angustias de los discípulos de Cristo. Nada hay verdaderamente humano que no
encuentre eco en su corazón".
En esta misma Constitución Pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual, los
padres conciliares afirmaron con claridad que "el porvenir de la humanidad
está en las manos de quienes sepan dar a las generaciones venideras razones
para vivir y para esperar". Eso es lo que los cristianos queremos, dar
razón de nuestra esperanza y de nuestra alegría abriendo caminos nuevos,
solidarios y comprometidos en la construcción del bien común.
Por todo ello, en este manifiesto de conclusión del XIX Congreso Católicos y
Vida Pública, alentados por el testimonio de un sinfín de cristianos
comprometidos, afirmamos nuestra total adhesión al mensaje que la Iglesia
propone al mundo de nuestro tiempo: la creación de una nueva civilización del
amor animada por la caridad; principio y motor de su dinamismo.
Juntos, nos comprometernos a seguir anunciando al Dios Trinitario; luz y amor
inefables para los hombres. Un amor que nos llama al encuentro con el hermano,
especialmente el más vulnerable y humilde. Una invitación a no encerrarnos en
nosotros mismos mientras afuera, ante una multitud hambrienta, Jesús nos repite
incansablemente: «¡Dadles vosotros de comer!»".
De esta visión cristiana de la vida nacen luces, tareas, y renovadas energías
para sanar y fortalecer a la humanidad. Una verdad saludable que nos impulsa a
participar activamente en la vida pública a través la política -una de las más
altas formas de caridad-, desde los valores cristianos de la verdad, la
justicia, la libertad y la dignidad irrenunciable de la persona.
Como miembros de la Iglesia, nos comprometemos a suscitar una concepción
positiva y trascendente del hombre y de su destino; a promover comportamientos
en favor de la cultura de la paz; a denunciar toda forma de explotación y
consumismo; y a crear soluciones para superar las causas de la pobreza de
tantos millones de hombres, mujeres, niños y ancianos descartados.
Apoyamos a la familia -sede principal de la cultura-; defendemos la igualdad de
derechos de la mujer y la cultura del respeto a la vida, desde el momento de la
concepción hasta la muerte natural.
Tendemos la mano a los emigrantes y los acogemos como hermanos obligados a
buscar nuevos caminos para superar la precariedad de su vida y la de sus
familias.
Ponemos toda nuestra atención y cuidado en la salud del planeta -la casa de
todos-, a través del uso racional de los bienes y la protección de la
naturaleza.
Testimoniamos y agradecemos el empeño de nuestros colegios, universidades y
centros universitarios, así como de innumerables instituciones educativas de la
Iglesia por llevar adelante proyectos de voluntariado y cooperación al
desarrollo. Por eso, nos comprometemos a ser educadores según el corazón de
Dios, convencidos de la importancia de la educación animada por la fe católica
y su empeño por una formación integral, excelente, y abierta a los más
auténticos valores humanos y cristianos.
En el 150 aniversario del nacimiento del P. Ángel Ayala, hombre de grandes
iniciativas y fecundas fundaciones -uno de los grandes precursores del
apostolado católico en la vida pública-, queremos expresar nuestro más profundo
y sincero reconocimiento por su labor evangelizadora y su compromiso social.
Finalizamos con las palabras del Papa Francisco que nos exhorta a salir de
nosotros mismos para darnos a los demás: "Cuando la vida interior se
clausura en los propios intereses, ya no hay espacio para los demás, ya no
entran los pobres, ya no se escucha la voz de Dios, ya no se goza la dulce
alegría de su amor, ya no palpita el entusiasmo por hacer el bien".
Es la llamada del Santo Padre a vivir la regla de oro del cristianismo:
abrirnos "a la gracia de Dios y a beber en lo más hondo de sus propias
convicciones sobre el amor, la justicia y la paz".
Madrid, 19 de noviembre, 2017
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